Lo esencial es invisible a los ojos...
Ello me llevó a reflexionar mucho sobre las aventuras de la selva y a la vez logré trazar mi primer dibujo, con un lápiz de color. Fue mi dibujo número uno.
Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo. Ellos me respondieron: "¿Por qué nos habría de atemorizar un sombrero?".
Pero mi dibujo no representaba un sombrero, sino una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa, a fin de que las personas adultas pudieran comprender, pues los adultos siempre necesitan explicaciones.
Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas (ya mostraran su interior o su exterior), y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Y fue así como abandoné, a la temprana edad de seis años, una magnífica carrera de pintor, descorazonado por el fracaso de mis dibujos números uno y dos.
Las personas mayores nunca comprenden por sí solas las cosas, y resulta muy fastidioso para los niños tener que darles continuamente explicaciones.
Por lo tanto, tuve que elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones. Volé por casi todo el mundo y debo reconocer que la geografía me fue de gran utilidad. Gracias a ella puedo reconocer, al primer vistazo, las tierras de China y distinguirlas de las de Arizona, lo cual es de gran ayuda en caso de que uno llegue a encontrarse perdido en la oscuridad de la noche.
Es así como me he relacionado con mucha gente seria, como he vivido mucho entre los adultos y los he visto muy de cerca; pero esto no me ha servido para cambiar mi opinión respecto de ellos. Cuando encontraba alguna persona que parecía inteligente, ensayaba mi experiencia de mostrarle mi dibujo número uno, el cual siempre he conservado. Con ello quería saber si en verdad era comprensiva, pero siempre encontraba la misma respuesta: "Es un sombrero". En cuyo caso no le hablaba de serpientes boas, ni de selvas vírgenes, ni de estrellas. Me olvidaba de mi mundo y le hablaba del suyo: del bridge, del golf, de política y de corbatas.
Y esa persona mayor se sentía muy contenta de conocer a un hombre tan razonable.
"El Principito" de Antoine Saint Exupéry
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